Seguridad Ciudadana

La oficina de objetos perdidos de la Policía Local de Plasencia custodia desde dentaduras hasta 1.200 euros en efectivo

Los agentes Felipe y Alfredo, responsables del servicio en la calle del Rey, buscan activamente a los propietarios y recuerdan a los ciudadanos que preguntar puede ser suficiente para recuperar lo que ya daban por perdido

La oficina de objetos perdidos de la Policía Local de Plasencia custodia desde dentaduras hasta 1.200 euros en efectivo

La oficina de objetos perdidos de la Policía Local de Plasencia, ubicada en la calle del Rey, acumula en sus estantes una llamativa variedad de pertenencias que ciudadanos anónimos han entregado tras encontrarlas en la vía pública. Entre los objetos depositados figuran un sobre con 1.200 euros en su interior, una cartera con 100 euros, un ordenador portátil, un dron y hasta una dentadura postiza. Muchos de sus propietarios aún desconocen que sus pertenencias están custodiadas allí.

Los agentes Felipe y Alfredo, responsables del servicio, quieren que los vecinos de Plasencia conozcan la existencia de esta oficina y sepan que una consulta puede ser suficiente para recuperar algo que consideraban definitivamente perdido. Ambos policías locales se encuentran en segunda actividad y dedican su jornada a gestionar el registro, la custodia y la devolución de los objetos que llegan al servicio.

Entre los artículos más habituales se encuentran gafas, bolsos, tarjetas bancarias y sanitarias, documentos de identidad, pendientes, cámaras fotográficas, ropa y, sobre todo, juegos de llaves. Según explican los propios agentes, las llaves llegan prácticamente a diario: viviendas, mandos de garaje y llaves de vehículos, cuya reposición puede resultar especialmente costosa. A pesar de ello, muchos propietarios no acuden a preguntar, bien porque disponen de una copia o bien porque simplemente no saben a dónde dirigirse.

Junto a estos objetos cotidianos, la oficina ha recibido artículos más inusuales. La dentadura postiza es, según Alfredo, lo más curioso que ha pasado por el servicio. También han llegado varios audífonos, dispositivos pequeños y de alto valor económico que pueden caerse sin que el usuario lo advierta hasta tiempo después. El inventario se completa con tabletas, portátiles, cámaras de fotos e incluso alguna maleta cargada de ropa que alguien olvidó en un establecimiento hotelero.

Para recuperar un objeto, no basta con describirlo de forma genérica. Los agentes solicitan información detallada: cuándo y dónde se perdió la pertenencia, qué contenía exactamente, cómo era el llavero o cuántas llaves integraban el juego. En el caso de un teléfono móvil, puede bastar con introducir el código PIN o describir la funda y el modelo. Si se trata de dinero en efectivo, el propietario debe indicar la cantidad aproximada, dónde lo guardaba y las circunstancias en que cree haberlo extraviado. Esta verificación impide que un objeto acabe en manos de alguien que no es su legítimo dueño.

Todos los objetos recibidos quedan registrados en una base de datos propia que los agentes han diseñado para llevar un seguimiento riguroso: fecha de entrega, descripción del objeto, datos de quien lo encontró y tiempo de almacenamiento. Este sistema facilita enormemente las consultas cuando alguien acude semanas o incluso meses después de haber sufrido la pérdida.

La labor de Felipe y Alfredo va más allá de la simple custodia. Cada vez que reciben un objeto, intentan localizar a su propietario con la información disponible. Cuando aparece documentación de una persona residente en Plasencia, pueden identificarla a través de los datos municipales. Si el propietario vive en un municipio cercano, contactan con el ayuntamiento correspondiente o con la Policía Local de esa localidad. Para los objetos sin documentación personal adjunta, como las llaves, recurren a las redes sociales del cuerpo, donde publican imágenes o descripciones generales, siempre evitando detalles que pudieran facilitar la suplantación del propietario.

Los teléfonos móviles siguen un procedimiento específico. Los agentes fotografían el terminal y la tarjeta y trasladan esa información a la Policía Nacional, que puede verificar si existe alguna denuncia por pérdida o sustracción y obtener los datos del titular a través de sus propios sistemas. Esta colaboración resulta especialmente útil cuando el dispositivo está bloqueado y no hay ninguna pista visible sobre su dueño.

Los agentes señalan también que una parte de las carteras que reciben proviene de sustracciones cometidas durante el mercadillo. En estos casos, quien roba la cartera generalmente se queda con el dinero en efectivo y desecha el resto, de modo que el objeto llega a la oficina con el DNI, las tarjetas y otros documentos personales todavía en su interior. Cuando el titular reside en Plasencia o en un municipio próximo, suele ser posible localizarlo. La tarea se complica si se trata de un turista o de alguien que está de paso y no ha dejado un teléfono de contacto.

La normativa aplicable establece que, si transcurren dos años sin que aparezca el propietario, se contacta con la persona que realizó la entrega para que pueda quedarse con el objeto, particularmente cuando se trata de dinero o de bienes de valor significativo. Quien encuentre cualquier objeto ajeno puede entregarlo directamente en la oficina de la calle del Rey, donde quedarán anotados sus datos y las circunstancias del hallazgo.

Para consultar si un objeto ha sido entregado, los ciudadanos pueden acudir presencialmente a la oficina de lunes a viernes, en horario de 9.00 a 14.00 horas, o llamar al teléfono 607 842 136. También es posible dirigirse a la jefatura local de La Mazuela, aunque desde allí se derivará la consulta al servicio de la calle del Rey.

Para los propios agentes, la mayor satisfacción llega cuando alguien entra en la oficina convencido de que recuperar sus documentos o las llaves del coche es imposible y descubre que un vecino anónimo se tomó la molestia de entregarlos. Ese gesto, subrayan, evita en muchos casos tener que renovar la documentación, cancelar tarjetas o asumir el coste de reponer dispositivos de alto valor. Detrás de cada cajón etiquetado hay, en definitiva, la actuación de ciudadanos que han elegido actuar con honestidad.

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